miércoles, 2 de abril de 2014

Experiencia

No es raro que un día gris y lluvioso como hoy pase horas y horas recostada en la cama, mirando el techo con la mirada perdida y la visión borrosa, recordando el pasado. Entre todas las cavilaciones que recorrían mi mente, se me ocurrió sumar las experiencias del último año de mi vida, y me encontré con un resultado ácido, pero muy dulce al mismo tiempo, un resultado solo comparable con un buen lemon pie. 
Más allá de todos mis errores (todos los cometemos y algunos de nosotros, nos torturamos pensando como podríamos no haber cometido ese error), tengo que admitir que me debo una palmadita en la espalda por haber crecido y por haberme expuesto voluntariamente a situaciones que se encuentran ligeramente fuera de mi zona de comfort. 
Un ejemplo tiene que ser mi viaje a India. Este país de milenaria cultura, poseedor de ese je ne sais quoi que causa un enamoramiento instantáneo e irrevocable (casi como el de Sergei Vronsky por Anna), desafió todos los prejuicios, todas las reglas mentales, todas las normas sociales que conocía. 
Sin embargo, aunque podría seguir dando ejemplos, no quiero, Quiero dejar escrito en esta cambiante plataforma virtual, cuyo funcionamiento, confieso, no comprendo en lo absoluto, que vivir en la zona de comfort es perniciosamente mediocre. No porque lo dicen los posts en Instagram o en WeHeartIt, sino porque la experiencia nos cuenta nuestra historia, y si elegimos una experiencia monótona y aburrida, nuestra historia será monótona y aburrida. Seamos espontáneos. That's it. 

viernes, 10 de enero de 2014

Si solo fueran reales...

Hace ya un tiempo que una idea me esta dando vueltas en la cabeza, la de hacer un blog; o aunque sea solo un blog post. Para intentarlo. Pero hasta ahora nunca había encontrado un tema que me interesara tanto como para realmente ponerme a hacerlo...
Hoy, después de un día largo y tedioso, me senté en mi escritorio a ver alguna película que me sacara de ese ánimo nublado en el que estaba. Y me acordé de una película que me había comentado una amiga, sobre un grupo de personas que se reúnen a hablar sobre los seis libros de Jane Austen. 
Acto seguido, me senté en mi cama y vi la película. 
Esa película desató en mí algo que se había apagado un tiempo después que leí Persuasión, el libro de Jane Austen que leí por último. Esa sensación de ligera nostalgia que se desata al recordar un conjunto de libros que habían sido almacenados en mi memoria no puede ser explicado correctamente con palabras; y lo único que ganaría con intentarlo sería desprestigiar ese sentimiento tan único que solo los lectores conocen. Como leí en algún lugar, el hombre no debe intentar encontrar palabras para describir la naturaleza ya que esta excede lo que la racionalidad del hombre es capaz de exponer. 
Jane Austen fue una escritora inglesa de principio del siglo XX, que escribió solamente seis libros. Un legado escaso para aquellos que, como yo, siempre quieren más. Su obra más conocida es Orgullo y Prejuicio, pero mi favorita es Mansfield Park, con su hermosa y puritana protagonista, Fanny. Hay algo en este libro que me resulta fascinante. 
Los libros de Jane Austen tratan, dicho de manera extremadamente general, sobre historias de amor, generalmente ligeramente retorcidas debido al pasado, al orgullo o a la ascendencia de alguno de los enamorados. Sin embargo, un lector atento puede ver en ellas mucho más, ya que Austen bosqueja con humor, ironía y sutileza la sociedad inglesa de su época, criticando a la misma duramente.
Son libros que mueven y que emocionan, a aquel que se permite conectarse con la trama y los personajes. Por eso considero que no hay nada mejor que un libro de Jane Austen junto con un café y un suéter para un día invernal.