miércoles, 2 de abril de 2014

Experiencia

No es raro que un día gris y lluvioso como hoy pase horas y horas recostada en la cama, mirando el techo con la mirada perdida y la visión borrosa, recordando el pasado. Entre todas las cavilaciones que recorrían mi mente, se me ocurrió sumar las experiencias del último año de mi vida, y me encontré con un resultado ácido, pero muy dulce al mismo tiempo, un resultado solo comparable con un buen lemon pie. 
Más allá de todos mis errores (todos los cometemos y algunos de nosotros, nos torturamos pensando como podríamos no haber cometido ese error), tengo que admitir que me debo una palmadita en la espalda por haber crecido y por haberme expuesto voluntariamente a situaciones que se encuentran ligeramente fuera de mi zona de comfort. 
Un ejemplo tiene que ser mi viaje a India. Este país de milenaria cultura, poseedor de ese je ne sais quoi que causa un enamoramiento instantáneo e irrevocable (casi como el de Sergei Vronsky por Anna), desafió todos los prejuicios, todas las reglas mentales, todas las normas sociales que conocía. 
Sin embargo, aunque podría seguir dando ejemplos, no quiero, Quiero dejar escrito en esta cambiante plataforma virtual, cuyo funcionamiento, confieso, no comprendo en lo absoluto, que vivir en la zona de comfort es perniciosamente mediocre. No porque lo dicen los posts en Instagram o en WeHeartIt, sino porque la experiencia nos cuenta nuestra historia, y si elegimos una experiencia monótona y aburrida, nuestra historia será monótona y aburrida. Seamos espontáneos. That's it. 

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